Cuando mi hija empezó a cursar sus estudios universitarios, hace doce años, tuve con ella la necesaria charla de advertencia sobre lo que debería hacer si algún compañero o profesor intentase acosarla o agredirla de alguna manera. Lo hice porque para entonces estaba plenamente consciente de la recurrencia de casos de este tipo de violencia en las aulas universitarias del Ecuador. Una docena de años más tarde, la violencia sexual en todo tipo de espacios educativos en el país no ha mermado; por el contrario, ha recrudecido, a pesar de que un caso nacional emblemático llegó hasta instancias internacionales, dando ello como resultado la instauración del 14 de agosto como el Día Oficial de la Lucha contra la Violencia Sexual en las Aulas; fecha que hoy, en nuestra sección “Aquí y ahora, nosotras”, queremos recordar y compartir algunas recomendaciones.
El origen de esta conmemoración se remonta a la sentencia del histórico caso de Paola Guzmán Albarracín vs. Ecuador. En dicho fallo, el tribunal de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) determinó por primera vez que los Estados son directamente responsables si permiten, toleran u ocultan abusos sexuales dentro de las instituciones educativas públicas.
Esto fue lo que sucedió: Paola tenía 14 años cuando empezó a sufrir acoso y violación consecutiva por parte del vicerrector del plantel educativo donde cursaba la educación básica, Bolívar Espín. Lejos de protegerla, el entorno institucional del colegio público (ubicado en la ciudad de Guayaquil) ignoró las señales de auxilio; mientras que el médico del lugar, Raúl Ortega Gálvez, condicionó su servicio profesional a cambio de más favores sexuales. En diciembre de 2002, sumida en una profunda desesperación generada por el abuso sistemático y un embarazo derivado del mismo, la estudiante se quitó la vida; tenía 16 años.
La justicia local falló. El agresor huyó y las autoridades ecuatorianas declararon la prescripción de la causa penal. Ante la impunidad, la madre de Paola, Petita Albarracín, inició una incansable batalla legal que duró 18 años y escaló hasta el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. El dictamen obligó al Estado ecuatoriano a pedir disculpas públicas, otorgar a la joven un título de bachiller póstumo y decretar oficialmente el 14 de agosto como una jornada nacional de lucha y concienciación en las aulas.

Uno de los síntomas sociales más censurables de este caso constituye aquel presente en muchos de similar índole: afirmar que el agresor es una víctima, ya que habría sido “seducido” por la estudiante en ciernes. Esta falta de credibilidad institucional hacia la estudiante sexualmente vulnerada se repitió de manera reiterada en otro proceso judicial memorable sucedido en el país, que motivó en 2019 la conformación de la Red Interuniversitaria de Investigación Feminista (REDIFEM): el de Cristina Álvarez, estudiante en esa época de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador.

Cristina recorrió a lo largo de varios años un camino colmado de revictimización, negligencia judicial y protección institucional universitaria hacia el profesor H. C. quien, a lo largo de dos semestres, empleó con ella el mismo modus operandi que usó con otras alumnas, víctimas su acoso y extorsión sexual: procurar a través de la palabra, el tacto y el uso de imágenes un acceso carnal. Ante el rechazo y/o posterior denuncia de este delito penal -según la legislación ecuatoriana- el docente negó las acusaciones y buscó judicialmente demostrar que Cristina padecía algún tipo de trastorno mental; es decir, sumó otra clase de violencia a su nutrido abanico: el gaslighting.
La extorsión sexual fue la estrategia de manipulación emocional de la que Espín, el agresor de Paola Guzmán, también echó mano: sus aproximaciones a la alumna comenzaron por ofrecerle una mejora en las calificaciones a cambio de favores sexuales.
Cualquier sea el nivel educativo que cursan las víctimas de violencia sexual en las aulas, su reacción ante el acoso es idéntica: se ausentan de las clases, bajan el rendimiento académico, su carácter se vuelve introspectivo e irascible; y, en edades infantes, presentan un comportamiento sexual que no alcanzan a comprender.
La lucha persistente, organizada e informada de las organizaciones sociales feministas y el movimiento de mujeres del Ecuador ha logrado en el siglo XXI las siguientes acciones afirmativas en el ámbito legal del país, en favor de la protección de las y los estudiantes en las aulas: a) reformas al Código Orgánico Integral Penal (COIP); b) Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres; c) el Ministerio de Educación articuló la Estrategia Nacional de Educación Integral en Sexualidad (ENEIS); y, d) Acuerdo Ministerial por el Día Oficial de la Lucha contra la Violencia Sexual en las Aulas.
Por su parte, el caso de Cristina Álvarez impulsó en la esfera pública dos plataformas de lucha altamente significativas: la primera, el hashtag “#YoSiTeCreoCristina”, que se convirtió en un revolucionario prefijo para acompañar a otras mujeres víctimas de distintos tipos de violencia; la segunda, la antes citada REDIFEM, la que a lo largo del tiempo ha llegado hacia los distintos espacios que componen el tejido social vinculado a la educación universitaria con herramientas eficaces para evaluar, perfilar y erradicar la violencia sexual en esas aulas.
El verbo implícito en el hashtag, creer, es el que se repite una y otra vez en las recomendaciones de los más reputados expertos y expertas que han levantado cifras y realizado trabajo de campo al respecto de la violencia sexual en las aulas del Ecuador: llaman a progenitores, representantes legales, docentes y directivos a no dudar de la palabra de la víctima. Creerle es el primer e ineludible paso; el segundo, acompañarla de manera decidida a llegar hasta las últimas consecuencias para que encuentre justicia y reparación.
Además, estos expertos invitan a quienes cuidan de estas y estos estudiantes en los hogares a poner atención a cambios repentinos en su comportamiento; con especial énfasis, si se rehúsan a ir al plantel educativo y/o a la posibilidad de encontrarse con determinado profesor. Prevalece ahí, insisten, una señal inequívoca de abuso sexual.
Habla con tu hija, con tu hijo; créele y denuncia al agresor; así, colocamos la culpa en el espacio que siempre debió y debe estar.
Consume más información sobre el tema en:
1. Violencia sexual en institución educativa y la importancia del cumplimiento pronto de las reparaciones
https://www.corteidh.or.cr/tablas/reparando-derechos/Caso-Paola-Guzman.html
- La revolución #YoSíTeCreoCristina
https://planv.com.ec/historias/la-revolucion-yositecreocristina/ - La violencia más común en las universidades: el acoso sexual. La historia de Cristina
https://wambra.ec/acoso-sexual-universidad-historia-cristina/ - Como prevenir la violencia sexual en las aulas
https://www.youtube.com/watch?v=wYTk0O3iNHw&t=1551s - Te lo explico con platilina. Caso Paola Guzmán Albarracín.
https://www.youtube.com/watch?v=XDGfQ1OLWks - Sitio oficial de la REDIFEM
https://www.facebook.com/RedInteruniversitariaFeministaEC/?locale=es_LA