La piña (Ananas comosus) es una de las frutas tropicales más deliciosas y apreciadas del mundo. Pertenece a la familia de las bromeliáceas (Bromeliaceae), integrada por miles de especies, muchas de ellas ornamentales. Curiosamente, la piña es su representante de mayor importancia alimentaria y comercial.
Su origen se encuentra en América del Sur, particularmente en la región comprendida entre el sur de Brasil y Paraguay, aunque su domesticación exacta continúa siendo objeto de investigación. Mucho antes de la llegada de los europeos, los pueblos indígenas ya la cultivaban y habían extendido su consumo por buena parte de América tropical, desde Paraguay y Brasil hasta Centroamérica y las Antillas.
Los indígenas la consumían fresca, preparaban bebidas fermentadas y aprovechaban sus propiedades alimenticias. Su nombre científico conserva una hermosa huella de aquella historia: Ananas deriva de voces indígenas sudamericanas utilizadas para designar esta fruta.
En 1493, durante su segundo viaje a América, Cristóbal Colón conoció la piña en la isla de Guadalupe. Los europeos quedaron fascinados por su aroma, su sabor y su singular apariencia. Posteriormente, españoles y portugueses contribuyeron a introducirla en Europa, África y Asia. En los siglos siguientes, llegó a convertirse en una fruta de lujo, especialmente en las cortes europeas, donde su presencia en las mesas era símbolo de riqueza y hospitalidad.

Actualmente, la producción mundial de piña se aproxima a los 30 millones de toneladas anuales. Costa Rica, Filipinas e Indonesia figuran entre los mayores productores, seguidos por Brasil, China y otros países tropicales. Costa Rica destaca especialmente por sus modernas plantaciones y su liderazgo en las exportaciones internacionales de piña fresca.
Entre sus variedades más conocidas están la Cayena Lisa, apreciada durante muchos años por la industria conservera; la Española Roja, tradicional del Caribe; y la MD-2, comercializada frecuentemente como Golden, que revolucionó los mercados internacionales por su dulzura, uniformidad y atractivo color amarillo.
La piña también ha conquistado la gastronomía y la coctelería. En Puerto Rico nació la famosa piña colada, deliciosa combinación de jugo de piña, crema de coco y ron, convertida en símbolo de la alegría caribeña. ¡Una demostración de que la agricultura también puede contribuir a la buena bohemia!
Pero la piña continúa sorprendiéndonos. Recientemente, en un establecimiento de Miami, encontré una extraordinaria novedad: la Pinkglow, una piña de pulpa rosada desarrollada mediante ingeniería genética por la empresa Del Monte y cultivada en Costa Rica.
Su particular color se debe a una mayor acumulación de licopeno, pigmento natural presente también en los tomates y las sandías. Mediante modificaciones genéticas, se redujo la transformación de este pigmento en betacaroteno, responsable del color amarillo tradicional de la piña.
Comercializada desde 2020 como una fruta exclusiva, llegó a alcanzar precios cercanos a los 40 e incluso 50 dólares por unidad. Afortunadamente, ayer pude comprar una por ocho dólares. Hoy la corté, admiré su bellísimo color rosado y comprobé que su sabor es realmente excelente.
Después de más de medio siglo dedicado a la agricultura, sigo maravillándome con las sorpresas que nos ofrece la naturaleza, ahora acompañada de los avances científicos.
Y aunque esta piña rosada todavía cuesta varias veces más que una convencional, ¡debo reconocer que disfruté cada bocado acompañado de una piña colada!
