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La famosa Universidad Zamorano

Casi 8 décadas formando profesionales agrícolas con una filosofía que combina conocimiento, trabajo, ética y compromiso social con el desarrollo de América

Han transcurrido 55 años desde el día en que crucé los portones de la Escuela Agrícola Panamericana, El Zamorano, en Honduras. Llevaba conmigo una maleta llena de sueños y la firme convicción de graduarme de Agrónomo y de que el futuro de nuestras naciones se forja desde la tierra. Hoy, con la perspectiva que otorgan más de cinco décadas de ejercicio profesional, reafirmo que ser Zamorano no es solo ostentar un título de la universidad agrícola más prestigiosa y famosa de Latinoamérica; es llevar una marca indeleble en el alma.

Desde sus primeros años se comprendió que la agricultura no podía aprenderse solo frente a un pizarrón; había que “aprender haciendo”: a sembrar, cosechar, podar, injertar, ordeñar, manejar animales y maquinaria, procesar alimentos, investigar, administrar y resolver problemas reales de la Agricultura y la Ganadería.

Hace 53 años, Sergio Cedeño junto a su amiga hondureña María, quien le llevaba las tradicionales “burritas” (tacos) durante sus años en Zamorano. Foto: cortesía de Sergio Cedeño.
Hace 53 años, Sergio Cedeño junto a su amiga hondureña María, quien le llevaba las tradicionales “burritas” (tacos) durante sus años en Zamorano. Foto: cortesía de Sergio Cedeño.

El prestigio de Zamorano trasciende fronteras. Sus graduados son altamente cotizados y preferidos por las principales empresas agropecuarias de la región, que ven en el sello Zamorano una garantía indiscutible de capacidad técnica, honorabilidad y liderazgo.

Esta reputación se forja en una disciplina de hierro y un trabajo duro a diario: levantarse de madrugada, antes de que raye el alba, para combinar el esfuerzo físico del campo con la máxima exigencia académica en las aulas. Ese régimen estricto de constancia y templanza no solo enseña agronomía, sino que moldea el carácter, forma la personalidad y enseña a superar cualquier adversidad bajo nuestro lema eterno: Labor omnia vincit (El trabajo todo lo vence).

A este rigor académico se suma la excelencia de un cuerpo docente de primer nivel. La gran mayoría de los profesores de Zamorano cuentan con maestrías y doctorados obtenidos en las universidades más reconocidas del mundo. Además, existe una particularidad que marca la diferencia: los profesores conviven e interactúan diariamente con los estudiantes dentro del mismo campus. Esta cercanía constante en el trabajo de campo y en las aulas crea un vínculo de enseñanza y mentoría único que trasciende lo académico y guía a los estudiantes en su formación profesional y humana.

Excelencia académica, innovación, valores, panamericanismo, multiculturalidad y aprender haciendo constituyen los pilares básicos de la formación de Zamorano.

De ese esfuerzo compartido nace un fenómeno único: la Hermandad Zamorana. No importa en qué rincón del planeta nos encontremos ni si jamás nos habíamos visto antes; basta con saber que el otro compartió las mismas madrugadas y el mismo misticismo para que se reactive al instante un lazo indestructible. Inmediatamente nace un abrazo fraterno, una mano extendida y una confianza mutua absoluta. Esa fraternidad se celebra y renueva cada dos años en nuestra Convención Internacional de Graduados, un emotivo encuentro que reúne a delegaciones en alguno de los 35 países donde dejamos huella.

Sergio Cedeño Amador, agrónomo ecuatoriano graduado de Zamorano en 1973, junto a un retrato que evoca su estrecha vinculación con el campo. Foto: cortesía de Sergio Cedeño.
Sergio Cedeño Amador, agrónomo ecuatoriano graduado de Zamorano en 1973, junto a un retrato que evoca su estrecha vinculación con el campo. Foto: cortesía de Sergio Cedeño.

Fundada en 1942 por Samuel Zemurray y guiada por Wilson Popenoe, su primer director y famoso científico y botánico, la Universidad Zamorano alberga hoy a 1.119 estudiantes de pregrado (428 mujeres y 691 hombres) en un imponente campus-jardín de 4.500 hectáreas, donde se siembran y cosechan los principales cultivos tropicales de América.

Sus más de 10.634 graduados a nivel global y sus cuatro ingenierías (Agronomía, Agroindustria Alimentaria, Administración de Agronegocios y Agroambiente) responden con rigor científico a los retos del siglo XXI.

Pero más allá de la excelencia técnica, Zamorano nos inculca una sagrada función social. Los Zamoranos tenemos el deber moral de ser aliados estratégicos del pequeño agricultor: transferir conocimientos, elevar la productividad de las familias campesinas, conservar las microcuencas y fortalecer la seguridad alimentaria. Servir al pequeño productor es nuestra mayor responsabilidad con la sociedad.

Para el Ecuador, la huella zamorana es pilar fundamental del desarrollo agroindustrial. Por ello, al celebrar 52 años de graduado, miro con profundo orgullo el camino recorrido y exhorto a los jóvenes a sumarse a este legado. Quienes deseen información o ayuda financiera en Ecuador pueden contactar al Ing. Adolfo Mariscal (+593 98 651 1371).

Si alguien me preguntara cuál ha sido la mayor cosecha de mi vida profesional, no respondería con toneladas o rendimientos. Mi mayor cosecha comenzó en el Valle del Yeguare; allí sembraron en mí una profesión, pero sobre todo valores y una manera de entender el trabajo y la vida.

Una de las tradicionales vistas del campus de la Universidad Zamorano, donde sus senderos, jardines y arquitectura forman parte de la historia de generaciones de estudiantes latinoamericanos. Foto: cortesía de Nahun Sauceda.
Una de las tradicionales vistas del campus de la Universidad Zamorano, donde sus senderos, jardines y arquitectura forman parte de la historia de generaciones de estudiantes latinoamericanos. Foto: cortesía de Nahun Sauceda.

Por ello, medio siglo después, sigo pronunciando con el mismo orgullo del día de mi graduación: ¡Soy Agrónomo, soy ecuatoriano, soy Zamorano!

Llevar el sello de Zamorano en el pecho es mantener un compromiso eterno con la ética, la excelencia y la Patria.

Y quizás por eso existe una gran verdad que comprendemos muy bien quienes tuvimos el privilegio de formarnos allí:

“Se puede salir de Zamorano, pero Zamorano nunca sale de nosotros”.

¡A mi Alma Mater, mi eterna gratitud!

Sergio Cedeño Amador
Zamorano, clase 1973
Miembro de la Academia de Historia del Ecuador

Fotos de: Nahun Sauceda

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