InicioEn Palabras Simples PodcastSergio Cedeño Amador, agrónomo e historiador: «El agrónomo tiene que seguir investigando»

Sergio Cedeño Amador, agrónomo e historiador: «El agrónomo tiene que seguir investigando»

Una vida vinculada al campo, cinco generaciones relacionadas con el cacao y una conversación sobre cultura montuvia, investigación, tecnología y los desafíos de la agricultura ecuatoriana

En una nueva edición de En Palabras Simples recibimos a Sergio Cedeño Amador, ingeniero agrónomo, historiador, escritor, zamorano y colaborador de El Costanero, donde comparte sus investigaciones en la sección Miércoles con Historia. La intención inicial era conocer un poco más al hombre que durante décadas ha estado vinculado al campo ecuatoriano, pero la conversación fue abriendo otros caminos: la cultura montuvia, la tecnificación agrícola, el cacao, el mango, la fruta de pan, el cambio climático y, especialmente, que estamos haciendo para que las nuevas generaciones comprendan el valor de la agricultura.

Su relación con el campo comenzó desde joven, en Naranjal, y posteriormente su formación como zamorano consolidó los conocimientos que ya había adquirido a través de la experiencia. Esa combinación entre lo aprendido directamente de la tierra y la preparación técnica aparece constantemente cuando habla de agricultura. También explica su cercanía con el mundo montuvio, al que no observa solamente desde la producción agrícola. Para Sergio, ser montuvio significa pertenecer a una cultura que conserva costumbres, leyendas, poesías, amorfinos, supersticiones, religiosidad y gastronomía. Habla incluso de ese “sexto sentido” que tiene el hombre del campo para entender la agricultura y que, lejos de competir con la formación profesional, puede complementarse con ella.

Escucharlo permite entender que tecnificar el campo no debería significar desprendernos de todo aquello que se aprendió durante generaciones. Hay conocimientos que nacieron de observar los ciclos de la naturaleza, trabajar una misma tierra durante años y aprender a reconocer sus cambios. La tecnología puede mejorar esos procesos, pero también necesita encontrarse con esa experiencia. En Sergio ambas dimensiones conviven con naturalidad: la del agrónomo que estudia e investiga y la del hombre que se reconoce profundamente ligado al campo.


“Yo no me consideraba historiador, sino campesino y montuvio”. Sergio Cedeño Amador


Quizás por eso su llegada a la historia académica ocurrió de una manera particular. Durante nuestra conversación recordó que hace aproximadamente diez años el doctor Rodolfo Pérez Pimentel lo invitó a formar parte de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, capítulo Guayaquil. Sergio le respondió que no se consideraba historiador. Se definía, sencillamente, como “campesino y montuvio”. Sin embargo, llevaba años haciendo algo profundamente relacionado con la historia: investigar, documentar y preservar la memoria de las plantas, los cultivos y las personas que han vivido alrededor de ellos.

Su incorporación a la Academia terminó conduciéndolo hacia sus propias raíces. El trabajo que presentó abordó el origen del cacao y la evolución histórica de este cultivo en Ecuador. No era un tema escogido al azar. Sergio contó que pertenece a la quinta generación de una familia de productores de cacao de Naranjal. De alguna manera, estudiar la historia del cacao significaba también investigar una parte de su propia historia.

Ese antecedente permite comprender por qué el cacao ocupa un lugar tan importante en su trayectoria. Para él no es solamente un producto agrícola ni uno de los cultivos que han sostenido históricamente la economía ecuatoriana. Es herencia familiar, trabajo profesional e investigación. Su conocimiento sobre el cultivo lo ha llevado también a compartir experiencias en conferencias y encuentros especializados, donde el intercambio entre productores, técnicos e investigadores permite mantenerse actualizado frente a los cambios que vive la agricultura.

Uno de los nombres que aparece cuando Sergio recorre esa historia es el del ingeniero Homero Castro Zurita, quien desarrolló en Ecuador el CCN51, Colección Castro Naranjal 51. Durante la entrevista recordó el impacto que enfermedades como la monilia y la escoba de bruja tuvieron sobre las plantaciones ecuatorianas y cómo la investigación permitió desarrollar alternativas de mayor productividad y tolerancia. El CCN51 terminó transformando buena parte de la cacaocultura y demostrando cuánto puede cambiar un sector cuando el conocimiento científico logra responder a un problema concreto del productor.

Sergio vuelve varias veces sobre esa necesidad de investigar. Para él, un agrónomo no puede considerar terminada su formación cuando recibe un título. Debe seguir estudiando incluso aquellos cultivos con los que no trabaja directamente porque las enfermedades cambian, aparecen nuevas amenazas y el clima modifica las condiciones bajo las cuales se produce. Esa actualización permanente adquiere todavía mayor importancia cuando observa que Ecuador necesita avanzar en tecnificación frente al desarrollo alcanzado por otros países de la región.

La memoria montuvia también forma parte de la trayectoria de Sergio Cedeño Amador. Junto a Hugo Mata Ordóñez y Guido Garay Vargas-Machuca, conocido como “El Rey del Folklore Montubio”, durante la celebración del cumpleaños de Garay en la Hacienda Cañas. Foto: Archivo / El Universo.
La memoria montuvia también forma parte de la trayectoria de Sergio Cedeño Amador. Junto a Hugo Mata Ordóñez y Guido Garay Vargas-Machuca, conocido como “El Rey del Folklore Montubio”, durante la celebración del cumpleaños de Garay en la Hacienda Cañas. Foto: Archivo / El Universo.

Precisamente uno de esos cambios nos llevó a hablar del mango. Cedeño participó en un encuentro especializado realizado en Miami, donde pudo observar cientos de variedades y compartir con científicos dedicados al estudio de esta fruta. A partir de esa experiencia recorrimos sus orígenes, los cruzamientos que han permitido obtener diferentes sabores, colores y características, y la producción ecuatoriana de variedades comerciales destinadas al mercado internacional. También explicó el tratamiento hidrotérmico que debe recibir el mango exportado a Estados Unidos para cumplir con las exigencias fitosanitarias relacionadas con la mosca de la fruta.

Pero hablar del mango terminó llevándonos nuevamente hacia la realidad que enfrenta quien trabaja la tierra. Cedeño explicó que las alteraciones de temperatura y fenómenos como El Niño están afectando la floración del cultivo, un proceso especialmente sensible a las condiciones climáticas. El cambio climático deja entonces de ser una expresión que escuchamos en informes y conferencias para convertirse en algo que puede determinar si un árbol florece, cuánto produce un agricultor y qué ocurre finalmente con la cosecha.

En ese recorrido apareció también la fruta de pan, una especie sobre la que ya habíamos hablado anteriormente en El Costanero, pero que Sergio plantea mirar desde sus posibilidades actuales. Hace una distinción importante entre la fruta con semillas que conocemos en Ecuador y una variedad sin semillas, ampliamente utilizada en el Caribe y las islas del Pacífico. Es esta última la que considera especialmente interesante por la cantidad de pulpa que produce, su valor alimentario y las posibilidades de transformarla en harina, panes, galletas y otros productos.

Su insistencia tiene una razón. Mientras cultivos tradicionales como el banano y el plátano enfrentan enfermedades que preocupan al sector, diversificar nuestra producción podría ofrecer otras posibilidades. Cedeño ha conversado con autoridades agrícolas sobre la conveniencia de establecer colecciones de variedades de fruta de pan en estaciones experimentales del INIAP para estudiarlas y conocer mejor su comportamiento en el país. Antes de convertir una especie en alternativa productiva hay que investigar, probar y generar conocimiento, precisamente aquello que Sergio reclama como parte indispensable del desarrollo agrícola.

La conversación regresó finalmente a las personas. Sergio observa con preocupación la distancia que existe entre las nuevas generaciones y el campo. Muchos niños pueden reconocer una fruta cuando la encuentran en un supermercado, pero desconocen el árbol del que proviene, cuánto tiempo tarda en producir o quién estuvo detrás de su cultivo. Por eso propone crear oportunidades para que niños y jóvenes visiten fincas, conozcan nuestros frutales y tengan contacto directo con las personas que producen sus alimentos. No se trata de convertirlos necesariamente en agricultores, sino de permitirles conocer una realidad que también forma parte del país en el que viven.

Mientras escribía esta nota y buscaba fotografías para acompañarla, encontré esta imagen de una visita que realicé a la Hacienda San José. Cámara en mano, recorría sus plantaciones de cacao como parte de mi trabajo periodístico para El Costanero. Foto: Marcelo Cabrera / Archivo personal.
Mientras escribía esta nota y buscaba fotografías para acompañarla, encontré esta imagen de una visita que realicé a la Hacienda San José. Cámara en mano, recorría sus plantaciones de cacao como parte de mi trabajo periodístico para El Costanero. Foto: Marcelo Cabrera / Archivo personal.

Después de esta conversación entendí mejor por qué inicialmente habíamos pensado en Más que agricultura para presentar este encuentro. No hablamos solamente de cómo aumentar una cosecha. Hablamos del montuvio y del conocimiento que ha construido durante generaciones; de una familia que lleva cinco generaciones vinculada al cacao; de investigadores que transformaron cultivos; de frutas que corremos el riesgo de olvidar y otras que podrían ampliar nuestra alimentación; del clima que ya está modificando la producción y de niños que necesitan volver a saber de dónde viene aquello que comen.

El Ecuador ha construido una parte importante de su historia desde el campo. Conservar esa memoria no significa permanecer anclados en el pasado. La experiencia de quienes conocen la tierra puede encontrarse con la ciencia, la investigación y la tecnología para responder a problemas muy actuales. Quizás el desafío esté precisamente allí: reconocer lo que sabemos, investigar lo que todavía desconocemos y no perder el vínculo con quienes han hecho de la agricultura una forma de vida.

La conversación con Sergio Cedeño Amador dejó historias y temas que difícilmente pueden recogerse por completo en estas líneas. Los invitamos a ver la entrevista completa de En Palabras Simples en nuestro canal de YouTube ElCostaneroTV. Allí podrán escuchar su propia voz al recordar sus años en el campo, su formación como zamorano, su relación familiar y profesional con el cacao, la cultura montuvia y sus reflexiones sobre lo que necesita la agricultura ecuatoriana para enfrentar los años que vienen.

Una conversación para conocer el campo desde la experiencia de quien ha hecho de él parte de su vida.

▶️ Mira la entrevista completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=KDkbMJpbjXs&t=20s

 

 

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