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Ecuador conoce sus riesgos, pero ¿qué hemos hecho para reducirlos?

Ante el fortalecimiento de El Niño, el Prof. Dr. Theofilos Toulkeridis insiste en la necesidad de conocer los riesgos del territorio ecuatoriano y fortalecer una cultura de prevención

Mientras los reportes científicos advierten sobre el fortalecimiento de El Niño, las conversaciones con el Prof. Dr. Theofilos Toulkeridis nos llevan a examinar una realidad mucho más compleja: la extraordinaria diversidad geológica y climática del Ecuador, las amenazas que forman parte de su territorio y las decisiones humanas que pueden agravar sus consecuencias.

Ecuador vuelve a mirar con preocupación hacia el océano Pacífico. El fortalecimiento del fenómeno de El Niño trae a la memoria los episodios de 1982-1983 y 1997-1998, cuando las lluvias intensas, las inundaciones y los daños a la infraestructura dejaron profundas consecuencias económicas y sociales. Han transcurrido varias décadas desde aquellos acontecimientos y, aunque hoy disponemos de mayores herramientas científicas para observar los cambios del océano y la atmósfera, persisten interrogantes sobre nuestra capacidad para transformar ese conocimiento en prevención.

Los informes compartidos por el Grupo Clima & ENSO durante los últimos días muestran anomalías importantes en la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial. El reporte difundido el 8 de octubre de 2026 señala un calentamiento significativo en distintas regiones oceánicas de vigilancia, incluida la zona oriental del Pacífico, cercana a las costas de Ecuador y Perú. Estos indicadores merecen seguimiento permanente, aunque no permiten establecer por sí solos la magnitud de las lluvias que experimentará cada localidad. La evolución del fenómeno y sus posibles consecuencias requieren información científica actualizada y decisiones preventivas acordes con las características de cada territorio.

Pero mientras concentramos nuestra atención en El Niño, existe una realidad que merece una reflexión más amplia. Ecuador no está expuesto a una sola amenaza natural ni enfrenta los mismos riesgos en todas sus regiones. Su ubicación geográfica, sus características geológicas y su diversidad climática hacen que volcanes, terremotos, inundaciones, deslizamientos y tsunamis formen parte de los escenarios que deben considerarse en la planificación y la seguridad de sus habitantes.

Un país diverso que todavía conocemos poco

Esta complejidad fue uno de los temas que abordamos en dos conversaciones de En Palabras Simples con el Prof. Dr. Theofilos Toulkeridis, geólogo, investigador y paleontólogo, quien nos invitó a mirar el territorio ecuatoriano desde una perspectiva que pocas veces ocupa el centro de nuestras preocupaciones cotidianas.

Estamos acostumbrados a reconocer al Ecuador por su extraordinaria biodiversidad. Nos enorgullecen sus paisajes, sus ecosistemas y la cercanía entre regiones tan diferentes como la Costa, la Sierra, la Amazonía y Galápagos. Sin embargo, hablamos mucho menos de su geodiversidad, de los procesos que han formado ese territorio y de las amenazas que pueden estar asociadas a sus características naturales.

Durante nuestra conversación, Toulkeridis llamó la atención sobre una contradicción que merece ser examinada: aunque vivimos en un país relativamente pequeño, existe un considerable desconocimiento entre sus regiones. Muchas personas permanecen dentro de su entorno habitual sin conocer suficientemente las particularidades geográficas, culturales y naturales de otros lugares del Ecuador. Según explicó, esa desconexión también puede estar relacionada con el temor a lo desconocido.
Su reflexión va más allá del interés por viajar o descubrir nuevos paisajes. Conocer el país significa también comprender sus condiciones naturales, identificar los riesgos de cada región y reconocer que aquello que representa una amenaza en una localidad puede ser muy diferente de lo que ocurre en otra.

La Costa, por ejemplo, no es una extensión uniforme de terrenos planos. En provincias como Guayas, Manabí, Los Ríos, El Oro, Esmeraldas y Santa Elena existen planicies, colinas, pendientes y taludes con características distintas. Mientras determinados sectores pueden verse afectados por inundaciones durante períodos de lluvias intensas, otros presentan condiciones que favorecen deslizamientos y derrumbes, especialmente cuando se han producido intervenciones humanas que modifican la estabilidad del terreno.

En la Sierra, la actividad volcánica y sísmica suele concentrar la atención pública, pero los deslizamientos constituyen igualmente una amenaza que merece vigilancia. La Amazonía presenta una riqueza geológica excepcional y condiciones particulares asociadas a sus ríos, suelos y relieves. Galápagos, por su parte, es un laboratorio natural de origen volcánico donde también existen procesos geológicos que requieren investigación y seguimiento científico.

Esa diversidad exige algo más que respuestas generales. Las medidas preventivas deben corresponder a las características de cada territorio, al tipo de amenaza y a las condiciones en las que viven sus habitantes. No todas las comunidades necesitan las mismas obras de protección ni enfrentan los mismos problemas cuando ocurre un fenómeno natural.

¿Cuánto conocemos realmente del Ecuador más allá de nuestra propia región? En esta conversación, el Prof. Dr. Theofilos Toulkeridis reflexiona sobre nuestra diversidad territorial, el desconocimiento geográfico y la importancia de comprender las particularidades del país donde vivimos.

Cuando la intervención humana aumenta el riesgo

Uno de los planteamientos más importantes del investigador se refiere a los deslaves y deslizamientos de tierra. Durante la entrevista sostuvo que estos fenómenos han constituido una de las principales causas de muertes asociadas a desastres naturales en Ecuador durante el presente siglo, pese a que la atención pública suele concentrarse en terremotos y erupciones volcánicas.

Toulkeridis relacionó este riesgo con factores naturales, pero también con intervenciones humanas como la deforestación, los cortes de taludes sin una estabilización técnica adecuada y la construcción en terrenos inestables. Sus observaciones nos conducen directamente a una cuestión que debería ocupar un lugar permanente en el debate público: ¿hasta qué punto nuestras decisiones contribuyen a aumentar los riesgos que posteriormente atribuimos exclusivamente a la naturaleza?

La lluvia es un fenómeno natural. También lo son los movimientos sísmicos y las erupciones volcánicas. Pero las consecuencias que producen sobre una población dependen, entre otros factores, de dónde se encuentran las viviendas, cómo se ha construido la infraestructura, qué condiciones presenta el terreno y qué medidas se han adoptado para reducir la exposición de las personas.

No se trata de responsabilizar a las familias que viven en zonas vulnerables. Muchas veces su ubicación responde a necesidades económicas, a la falta de alternativas de vivienda o a procesos de ocupación territorial que se han desarrollado durante décadas. Precisamente por ello, la prevención no puede reducirse a recomendaciones individuales. Requiere planificación urbana, políticas de vivienda, infraestructura segura y decisiones institucionales sostenidas.

La reflexión adquiere especial importancia ante El Niño. Cuando pensamos en sus posibles consecuencias sobre la Costa ecuatoriana, solemos concentrarnos en las inundaciones. Sin embargo, el Dr. Toulkeridis recuerda que las lluvias intensas también pueden afectar colinas y pendientes, donde la pérdida de vegetación y las modificaciones del terreno pueden aumentar la posibilidad de derrumbes y deslizamientos.

Esta diferencia es fundamental para comprender por qué una misma temporada lluviosa puede producir consecuencias distintas incluso dentro de una misma provincia. Una población asentada en una zona baja no enfrenta necesariamente las mismas amenazas que otra ubicada junto a una ladera. Por tanto, las estrategias de prevención deben partir del conocimiento de las condiciones reales de cada localidad.

¿Por qué las lluvias pueden provocar inundaciones en unos sectores y deslizamientos en otros? El Prof. Dr. Theofilos Toulkeridis explica las particularidades de la Costa ecuatoriana y los factores naturales y humanos que deben considerarse frente a fenómenos como El Niño.

Los fenómenos no esperan a que estemos preparados

La conversación también permitió examinar una realidad que no depende de los pronósticos climáticos. Ecuador se encuentra en un territorio de actividad tectónica y volcánica, donde los terremotos forman parte de los riesgos conocidos. A diferencia de El Niño, cuya evolución puede seguirse mediante observaciones oceánicas y atmosféricas, los terremotos no pueden predecirse con una fecha, hora y magnitud determinadas. Sin embargo, el estudio de las fallas geológicas, los antecedentes históricos y los procesos tectónicos permite evaluar escenarios de amenaza y orientar medidas de prevención.

La imposibilidad de conocer el momento exacto de un terremoto no significa que debamos esperar pasivamente. Por el contrario, refuerza la necesidad de contar con edificaciones adecuadas, estudios de suelo, planes de evacuación y una población informada sobre cómo actuar durante una emergencia.

En ese contexto, Toulkeridis insistió en la educación como una herramienta esencial. Conocer las características del lugar donde vivimos, identificar rutas de evacuación, disponer de un plan familiar y mantener suministros básicos son medidas que pueden contribuir a proteger vidas. También recordó que, durante una emergencia, la ayuda institucional puede tardar en llegar y que la preparación de cada familia adquiere entonces una importancia considerable.

Pero la responsabilidad ciudadana no debe confundirse con la transferencia de las obligaciones del Estado a los individuos. La prevención requiere que las autoridades incorporen el conocimiento científico en el ordenamiento territorial, la construcción de infraestructura, la señalización, la educación y la planificación de los servicios públicos. Una comunidad informada puede actuar mejor, pero necesita también condiciones materiales y decisiones institucionales que hagan posible esa protección.

La prevención sigue siendo una tarea pendiente

La historia ecuatoriana ofrece suficientes antecedentes para comprender que la prevención no puede depender de la proximidad de una emergencia. Los episodios de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, el terremoto de 2016 y los numerosos deslizamientos e inundaciones registrados en distintas regiones del país han dejado experiencias que deberían reflejarse en la manera de planificar nuestras ciudades, construir infraestructura y proteger a la población.

Sin embargo, cada nueva amenaza vuelve a poner sobre la mesa preocupaciones conocidas: asentamientos en zonas vulnerables, problemas de drenaje, inestabilidad de terrenos, condiciones de las construcciones y dificultades para responder oportunamente a las emergencias. No todas estas situaciones tienen las mismas causas ni afectan por igual a las comunidades, pero comparten una cuestión fundamental: cuánto de lo que conocemos sobre nuestro territorio se ha convertido en decisiones capaces de reducir los riesgos.

Los avances científicos permiten identificar amenazas, estudiar las características geológicas del país y, en el caso de fenómenos climáticos como El Niño, seguir su evolución. Ese conocimiento constituye una herramienta indispensable, aunque su verdadero alcance depende también de cómo se incorpora a la planificación territorial, las obras públicas, las normas de construcción y la educación de la población.

Ecuador no puede modificar su ubicación geográfica ni detener los procesos naturales que han dado forma a su territorio. Tampoco puede anticipar con precisión todos los acontecimientos que podrían afectarlo. Pero sí puede revisar las condiciones que aumentan la vulnerabilidad de sus habitantes y evaluar si las medidas adoptadas responden a los riesgos que la ciencia lleva años identificando.

La preocupación por El Niño no debe hacernos perder de vista los demás riesgos que enfrenta Ecuador. Vivimos en un territorio donde los fenómenos naturales son parte de nuestra realidad. Por eso, la prevención debe estar presente en la planificación y en las decisiones cotidianas, no solamente cuando una emergencia vuelve a ocupar los titulares.

Ecuador conoce sus riesgos, pero muchas de sus vulnerabilidades siguen sin resolverse. Las experiencias del pasado y los avances científicos nos han dado suficientes elementos para actuar con anticipación. La prevención no puede seguir llegando después de las tragedias, cuando sus consecuencias ya han afectado la vida de miles de personas.

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