Durante muchos años, Guayaquil vivió sus fechas cívicas con una intensa agenda pública. Desde el trabajo cultural, fui parte de actividades en las que la ciudad se preparaba con actos, programas, desfiles, ceremonias y encuentros que convocaban a la ciudadanía alrededor de su historia.
Aunque nunca participé en la Aurora Gloriosa, esta conmemoración trae a la memoria aquella forma en que Guayaquil se encontraba en sus espacios públicos, reconocía sus símbolos y asumía que la historia también se construye desde la presencia de sus ciudadanos.

Desde esa vivencia nace esta conversación en En Palabras Simples con el Dr. Fernando Mancero, historiador y presidente de la Fundación Bienvenido Guayaquil, sobre la Aurora Gloriosa, una iniciativa ciudadana que nació en 2009 para recordar la madrugada del 9 de octubre de 1820, cuando Guayaquil proclamó su independencia.
El relato del Dr. Mancero permite entender que este acto no nació desde el protocolo ni desde una gran estructura oficial. Empezó con un pequeño grupo de ciudadanos reunidos de madrugada en la Plaza de la Administración, al pie del monumento a la Fragua de Vulcano, para realizar una liturgia cívica sencilla y colocar una ofrenda floral.
Con el tiempo, esa reunión inicial fue creciendo. Se sumaron banderas, música, poesía, trajes de época, lectura del acta de independencia, ingreso solemne de cadetes, antorchas y la participación de instituciones que dieron mayor fuerza simbólica al acto. Lo que comenzó con pocas personas se convirtió, 18 años después, en una conmemoración reconocida dentro y fuera de la ciudad.
La importancia de la Aurora Gloriosa está en su mensaje de fondo: una ciudad no puede delegar completamente su memoria. Las autoridades pueden organizar actos, pero el civismo nace cuando los ciudadanos deciden participar, reconocer su historia y sostener aquello que les da identidad.

La conversación también recorre el contexto previo a 1820: las tensiones económicas, las restricciones comerciales impuestas desde Lima y el papel de figuras como José Joaquín de Olmedo y José de Villamil. En ese camino aparece la Fragua de Vulcano, nombre con el que se recuerda la reunión conspirativa del 1 de octubre de 1820 en la casa de Villamil, donde se consolidaron los acuerdos que culminarían con la independencia.
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista surge cuando el Dr. Mancero se detiene en la imagen de Ícaro, presente en la columna de los próceres. A partir de esa figura, plantea una reflexión sobre el uso imprudente de la libertad. La independencia no fue solo una conquista; fue también una responsabilidad. Recordarla implica comprender que la libertad necesita conciencia, memoria y sentido de comunidad.
La madrugada es parte esencial del significado de la Aurora Gloriosa. Levantarse cuando la ciudad todavía duerme se convierte en un gesto cívico. Es una forma de decir que la historia importa, que la libertad tuvo un amanecer concreto y que cada generación debe decidir cómo la honra.
A lo largo de estos años, el evento ha atravesado momentos difíciles. Después del terremoto de 2016, incorporó un homenaje a Manabí y Esmeraldas. En 2019, pese a la crisis nacional y las dificultades de movilidad, la ciudadanía sostuvo el acto. Durante la pandemia y el Bicentenario, enfrentó nuevos desafíos, pero conservó su esencia: una ceremonia sobria, ciudadana y alejada de la política partidista.
También hay gestos silenciosos que explican la fuerza de esta conmemoración. Mancero recuerda a ciudadanos que asistieron durante años con fidelidad, incluso personas que llegaban en silla de ruedas para estar presentes en la madrugada. Esas historias muestran que el civismo no siempre necesita grandes discursos; muchas veces se expresa simplemente en acudir, permanecer y reconocer que la historia también nos pertenece.
La Aurora Gloriosa se sostiene con aportes voluntarios, apoyo de instituciones y colaboración ciudadana. Esa forma de organización confirma que la memoria cívica también puede construirse desde la voluntad de la gente.
El Dr. Mancero insiste además en la necesidad de sumar a los jóvenes. La historia no puede quedarse solo en quienes la han cuidado durante años. Para que una ciudad mantenga viva su identidad, necesita nuevas generaciones que conozcan, cuestionen, participen y se apropien de su memoria.

La Aurora Gloriosa incluso ha inspirado conmemoraciones fuera del país, en ciudades como Los Ángeles, París y Uruguay. La memoria de Guayaquil no se limita a su territorio: también viaja con quienes llevan la ciudad en su historia personal.
Esta conversación no se queda en recordar una fecha. Invita a pensar qué más podemos hacer como ciudadanos para cuidar la memoria, fortalecer el sentido de pertenencia y participar de manera más activa en la vida de nuestra ciudad.
Guayaquil no solo se honra con discursos. También se honra cuando sus ciudadanos reconocen el valor de su historia y deciden mantenerla viva.
La conversación completa con el Dr. Fernando Mancero puede verse en En Palabras Simples, por El Costanero TV en YouTube.