A lo largo de los años, la arquitectura ha experimentado un notable desarrollo en sus distintas áreas de investigación. Ha abierto sus puertas a nuevas ideas que buscan transformar la manera en que percibimos esta disciplina, tradicionalmente asociada al arte, así como a las técnicas de proyección y construcción. Este avance se ha materializado a través de la integración de la neurociencia, una fusión que ha dado lugar a un innovador paradigma conocido como «neuroarquitectura». Esta novedosa corriente se propone demostrar de manera científica cómo los entornos edificados influyen en nuestras emociones y habilidades, llevando así la arquitectura a un nivel sin precedentes de comprensión y aplicación práctica.
Juana Perlaza es una destacada arquitecta ecuatoriana con una trayectoria impecable de casi 15 años que se encuentra en esta nueva área de investigación, en la que reafirma que al estar expuestos a ciertos espacios y diseños se produce un estímulo visual que trasciende hasta el sistema nervioso, tanto central como periférico, en el que el cerebro experimenta sensaciones positivas o negativas dependiendo del simbolismo de la estructura. Este fundamento está basado en los resultados del neurocientífico Fred Gage al realizar un experimento con ratones, el cual demostró que los ratones que habían estado expuestos a estímulos ambientales habían generado nuevas neuronas, a diferencia de los otros ratones que no habían sido expuestos a dichos recursos.

Juanita recalca la importancia de diseñar espacios que fortalezcan este dinamismo e induzcan un ambiente productivo para las personas, como lo que pretenden hacer las ciudades inteligentes. Sin embargo, para crear estos diseños también es importante que las estructuras sean pensadas y compartidas con sus habitantes para que se forme un vínculo positivo entre ellos, propuestas que de igual forma podrían incluirse en las instituciones educativas para que el desarrollo de la enseñanza sea más efectivo.
Sin embargo, también existen ejemplos de diseños que, aunque construidos para embellecer una ciudad, pueden dar lugar a situaciones inesperadas. Tal es el caso de «The Vessel», una majestuosa obra arquitectónica ubicada en el barrio Hudson Yards de Manhattan, diseñada por Thomas Heatherwick y que se inspira en los «Boris» de la India. Con 45 metros de altura, 16 niveles, 154 tramos de escaleras interconectadas, 2,500 escalones individuales y 80 pasillos, construida en su totalidad en acero y revestida con una piel pulida de cobre coloreada, esta estructura ofrece diversas perspectivas de la ciudad.
Más allá de la estética, se debe considerar la utilidad y la influencia que una estructura ejerce en la identidad de un lugar.
A pesar de su intención de servir como punto de encuentro y admiración del paisaje urbano, con el tiempo surgieron eventos lamentables en los que jóvenes, al transitar por los niveles más elevados, optaron por lanzarse al vacío. Según Juanita, estos incidentes podrían relacionarse con la experiencia y la fascinación que la obra en sí provoca, ya que su recorrido implica una experiencia física que, a medida que se asciende, establece una peculiar conexión con la gravedad, y no siempre el cerebro reacciona de manera positiva ante tales estímulos visuales.

Estos diferentes escenarios ayudan a repensar la forma en la que se emplea la arquitectura. Más allá de la estética, se debe considerar la utilidad y la influencia que una estructura ejerce en la identidad de un lugar.
Mira la entrevista completa con Juana Perlaza en nuestro programa «Conversaciones frente al mar».
El Buque reabre con nuevas medidas de seguridad
The Vessel, la emblemática estructura de 46 metros (150 pies) ubicada en Hudson Yards, Nueva York, reabrió sus puertas en octubre de 2024 tras haber estado cerrada desde 2021 debido a una serie de suicidios que ocurrieron en el lugar. La reapertura viene acompañada de estrictas medidas de seguridad destinadas a prevenir futuras tragedias y garantizar una experiencia segura para los visitantes.
Entre las principales mejoras implementadas se encuentra la instalación de mallas de acero que se extienden desde el suelo hasta el techo en las áreas abiertas al público, diseñadas para impedir que las personas salten desde la estructura. Además, se ha restringido el acceso al nivel superior de The Vessel, manteniéndolo cerrado al público como medida preventiva adicional.
La entrada general tiene un costo de $10, mientras que los residentes de la ciudad de Nueva York pueden acceder de forma gratuita los jueves, previa reserva en línea. Estas medidas buscan no solo reforzar la seguridad, sino también fomentar una mayor conciencia sobre la salud mental entre los visitantes.
Es importante destacar que, aunque la reapertura de The Vessel ha sido recibida con entusiasmo por muchos, algunos visitantes han expresado que las nuevas mallas de seguridad afectan la estética y la experiencia visual de la estructura.

Con estas iniciativas, The Vessel espera ofrecer nuevamente una experiencia arquitectónica única, combinando diseño innovador y vistas panorámicas de la ciudad, mientras prioriza el bienestar y la seguridad de todos sus visitantes.