A lo largo de los años, series y películas han convertido en destinos turísticos a lugares que antes no figuraban en los mapas del viajero global. Dubrovnik tras Game of Thrones, Nueva Zelanda con El Señor de los Anillos, Medellín luego de Narcos o Marruecos como escenario recurrente de grandes producciones son ejemplos claros de cómo la pantalla grande y chica no solo entretiene, sino que construye imaginarios, despierta curiosidad y moviliza flujos turísticos.
Este fenómeno vuelve a ponerse en evidencia con una producción de alcance mundial que sitúa a Ecuador en el centro de la conversación internacional. La nueva docuserie protagonizada por Will Smith para National Geographic incorpora a la Amazonía ecuatoriana dentro de un recorrido por algunos de los territorios más extremos y biodiversos del planeta.

La Amazonía como relato global
La serie propone un viaje de exploración que combina aventura, ciencia y reflexión ambiental. En ese trayecto, Ecuador no aparece como un simple escenario exótico, sino como un territorio clave para comprender debates urgentes del presente. Biodiversidad, culturas ancestrales, conservación y relación entre el ser humano y la naturaleza atraviesan los episodios filmados en la selva.
La pantalla ha abierto una puerta. Ahora corresponde decidir cómo cruzarla.
Uno de los puntos más comentados es la visita a la Cueva de los Tayos, un sitio cargado de simbolismo, historia y misterio, que desde hace décadas despierta interés internacional, pero que pocas veces había sido mostrado con este nivel de producción y alcance global. La cámara no solo registra el paisaje, también acompaña procesos de exploración científica y encuentros con comunidades locales.

Pantalla, ciencia y promoción territorial
A diferencia de la ficción, esta docuserie se inscribe en el género documental. Eso refuerza su impacto como herramienta de divulgación y, al mismo tiempo, como mecanismo de promoción turística indirecta. La Amazonía ecuatoriana se presenta como un espacio vivo donde confluyen investigación científica, saberes ancestrales y preguntas sobre el futuro del planeta.
Durante el rodaje, la producción se apoyó en científicos, exploradores y guías locales. Coincidió además con investigaciones que han vuelto a colocar a Ecuador en el radar de la ciencia internacional. Este cruce entre entretenimiento, conocimiento y territorio amplifica el mensaje y proyecta al país hacia audiencias que difícilmente llegarían por los canales tradicionales de promoción turística.

Visibilidad global y responsabilidad local
La presencia de Ecuador en una plataforma como National Geographic abre una pregunta necesaria. ¿Está el país preparado para gestionar esta visibilidad? La experiencia internacional demuestra que el turismo inducido por el audiovisual puede generar oportunidades económicas, pero también presiones sobre ecosistemas frágiles y comunidades si no existe planificación ni políticas claras.
En este contexto, la Amazonía ecuatoriana se muestra ante millones de espectadores como símbolo de riqueza natural y cultural, pero también como un territorio que exige conciencia, regulación y un enfoque de turismo sostenible. La pantalla ha abierto una puerta. Ahora corresponde decidir cómo cruzarla.
Más que una serie, esta producción funciona como un espejo. Ecuador es observado por el mundo. La cuestión de fondo no es solo cuántos visitantes llegarán, sino qué relato queremos sostener y qué modelo de desarrollo turístico estamos dispuestos a construir, si realmente somos conscientes del momento y de la responsabilidad que implica.