La mejor forma de penetrar en el carácter del ser humano, en su interioridad, en su forma de ser, es substancialmente, desde el trato amoroso que se pueda emprender con él, en especial desde el ámbito psico-social, cultural y educativo; y la literatura es una de las mejores manifestaciones de humanidad en la que, desde la voz narrativa, poética, dramática y/o ensayística, se describe, se cuenta, se enuncia, se habla, se cuestiona, se duda, se pregunta, se escucha y se embellece la palabra en su real dimensión estético-ético-situacional, incluso desde la manifestación ficcional de las realidades más soeces, inmundas, grotescas, de albañal; pero también y, fundamentalmente, desde el historial de las conductas más excelsas que enaltecen la palabra, el ambiente y los espacios de toda índole en donde esa porción de lenguaje asimilado cognitivamente es capaz de llegar a sostener una profundidad de lo humano a niveles de una sabiduría comunicacional y comunitaria, como si fuere el ente divino que, desde su energía mística, espiritual, sublime y ontológicamente: filosofa, discierne, dialoga, escucha, argumenta, narra y poetisa los problemas más vitales que el ser humano experimenta en su diario convivir.
Desde luego, no todo lector puede arribar a estos niveles estético-ontológico-experienciales, incluso ataráxicos, sino, solo cuando con el poderío psico-mental de su personalidad y con el aplomo de su emprendimiento vital, volitivo y metalingüístico esté en condiciones de “enfrentarse a la lectura con la mente abierta: no podemos dejar que nuestra experiencia literaria se vea constreñida por género literarios, por normas lingüísticas, por contenidos éticos o morales y mucho menos por la exigente verosimilitud; tampoco debemos excluir lo fantástico o lo mágico, independientemente de que se ajuste o no a la realidad, porque en ese momento dejamos de leer para vivir, en los términos de Flaubert” (Acebedo, 2025, p. 25), tal como lo parafrasea la escritora Mónica Acebedo.
En efecto, el proceso lector es singular en cada caso; se ciñe a particularidades y a contextos ecológico-socio-educativos y culturales que limitan o engrandecen ese accionar cognitivo para leer; tal es el caso de la influencia nociva de las pantallas virtualizadas que desde infinidad de aplicaciones tecnológicas, anulan la capacidad crítica, de reflexión, de discernimiento y, ante todo, de interés para leer pensando, es decir, para aprender a escuchar lo que dice el texto, dado que, el ruido y la inmediatez de la información tecnológica le anulan la concentración y la atención: “Precisamente la capacidad analítica constituye el pensamiento. El exceso de información hace que se atrofie el pensamiento. La capacidad analítica consiste en prescindir, en el material de la percepción, de todo lo que no pertenece esencialmente a la cosa. En definitiva, es la capacidad de distinguir lo esencial de lo no esencial. El diluvio de información al que hoy estamos expuestos disminuye, sin duda, la capacidad de reducir las cosas a lo esencial” (Han, 2025, pp. 86-87).
Desde esta circunstancia, sin el efecto de la inmediatez de la información tecnológica, qué sabrosa capacidad de pensamiento analítico-poético para distinguir, lo esencial de este poema amatorio de nuestro vate lojano Carlos Eduardo Jaramillo: “Si no existieras es posible que habría / seguido siendo / casi feliz como lo he sido siempre / O si existieses solo en otra edad / en otro sitio / en otra circunstancia. / Si en la azarosa trama del suceso / no se hubieran cruzado nuestras vidas / habría ignorado / la maravilla del dolor de amarte / y serte fiel” (2025, p. 65).
Qué dicha la del poeta para exaltar la maravilla del dolor de amor; pues, el lector debe sentir el perfume de la añoranza y las pulsaciones del desvelo generoso que se despliega en el mágico espacio de su memoria, a la cual le engendra vitalidad en el momento de la recreación lectora.
Referencias bibliográficas
Acebedo, M. (2025). Letras compartidas. Una estrategia de lectura. Bogotá: Espasa.
Han, B-Ch. (2025). En el enjambre. Traducción de Raúl Gabás. Barcelona: Herder.
Jaramillo, c. E. (2025). Fados del atardecer. Loja: Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión Núcleo de Loja.