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La emoción moviliza las palabras inmóviles de la escritura

Aunque la intelectualidad juega un papel vital a la hora de leer para adquirir conocimientos, para disfrutar o para simplemente adquirir algún tipo de información, lo cierto es que, las emociones son también fundamentales en el lector que, por su cuenta, por su interés u obligado por las circunstancias escolares o de otra índole se ve en el deber de acudir a la fuente tecnológica, bien sea de la imprenta o de la pantalla digital para localizar el texto que tenga, o que deba leer.

Pues, si bien es cierto que, en el plano de la intelectualidad, es la cognición, es decir, la mente, la que procesa el conjunto de palabras que constan en el texto leído hasta volverlas lingüísticamente asequibles al cerebro que es el que percibe, conoce y siente ese mundo de lenguaje, siempre y cuando se active el interés por leer a través de la atención, la concentración y la curiosidad, las cuales, por cierto, “van unidas a los mecanismos de aprendizaje y memoria. Es evidente que leer requiere un proceso de aprendizaje y memoria explícito, consciente, y que esto último depende de los mecanismos de la atención ejecutiva” (Mora, 2024, p. 40), que es la que opera desde la plasticidad cerebral cuando se trata de estudiar, de aprender, de resolver problemas o de informarse, y qué mejor, disfrutar, mientras se lee.

Sin embargo, todo hecho humano y, con mayor razón, el de la lectoescritura, se ve implicado por actos emocionales, para que la actividad mental no sea meramente mecánica, fría o indiferente para el ser que lee, escribe, habla o escucha. En este contexto, “las emociones -como señalan Manes y Niro- constituyen una parte crítica de nuestra experiencia que adhieren color a nuestros estados mentales e influyen en nuestras conductas. También son claves para el ejercicio de la memoria, para tomar decisiones, para ayudarnos a evitar el dolor y a buscar placer. En todo aquello que nos resulta realmente importante están involucradas las emociones” (2021, p. 25), como debe suceder, especialmente, en el tema de la lectura que, cuando se activa el placer de hacerlo, es cuando el disfrute nos permite aprender con facilidad, o con el mayor esfuerzo o rigor, según el grado de nuestra cultura y de las circunstancias contextuales que nos acompañan en todo estado emocional, o que, más bien dicho, regulan nuestra emocionalidad.

De ahí que, nuestra imagen personal se puede labrar de a poco, según el esfuerzo, el interés y la atención intelectual y emocional con la que, como señala Irene Vallejo, podemos asomarnos al mundo, no solo con la mera oralidad, sino que, a través de ella nos enuncia que “nuestra imagen de la oralidad procede de los libros. Conocemos las palabras aladas a través de su contrario, las palabras inmóviles de la escritura. Una vez transcritas, esas narraciones perdieron para siempre su fluidez, su elasticidad, la libertad de improvisación y, en muchos casos, su lenguaje característico” (2021, p. 104) para adaptarse al sistema genuino de la lectoescritura.

Y, como señala el neurocientífico Francisco Mora: “el lenguaje, el habla propiamente, no es algo con lo que se nace. Ciertamente se nace con la potencialidad de hablar, es decir, con un cerebro que alberga los circuitos neuronales para el lenguaje. Pero esos circuitos nunca van a funcionar a menos que se registre en ellos el habla de nuestros semejantes. (…) El habla no es patrimonio de un hombre único aislado, sino un patrimonio social, un bien común de todos los seres humanos” (Mora, 2024, p. 49), al igual que la inmovilidad de la lectoescritura que, como patrimonio social y emocional, provocan una gran movilidad cerebral para que cultural y socialmente, como señala Liliana Pazo (2011), sea el texto el que le dé al lector un conjunto de significantes y espacios en blanco que él llena; así, el texto deja al lector la iniciativa interpretativa; pero busca ser interpretado en un mismo sentido; busca que un lector le ayude a funcionar a través del uso competente y cooperativo de la lengua en su sentido abstracto.

Referencias bibliográficas

Manes F. & Niro M. (2021). Ser humanos. Bogotá: Planeta.

Mora, F. (2024). Neuroeducación y lectura. Madrid: Alianza Editorial.

Pazo, L. (2011). Actos de lectura. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Vallejo, I. (2021). El infinito en un junco. Bogotá: Penguin Randon House Grupo Editorial.

Dr. Galo Guerrero Jiménez
Dr. Galo Guerrero Jiménez
Galo Guerrero Jiménez es Profesor Emérito de la Universidad Técnica Particular de Loja, doctor en Lengua Española y en Filosofía, y autor de 52 libros. Destacado investigador en lectura y escritura, ha recibido múltiples condecoraciones académicas y culturales y actualmente es rector del Instituto Superior Tecnológico del Transporte de Loja.
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