El jazz no es solo un género musical. Es memoria, identidad y una forma de encuentro social. Esa es una de las ideas centrales de la conversación entre el jazzista y gestor cultural Francisco Echeverría y el periodista José Luis Calderón, invitados al podcast En Palabras Simples, producido por El CostaneroTV.
Durante el diálogo, Echeverría recuerda los primeros años en los que el jazz era prácticamente ignorado por los medios en Guayaquil. Promover este género implicaba no solo tocar música, sino construir espacios culturales desde cero. Iniciativas como Amigos del Jazz y posteriormente el Guayaquil Jazz Project marcaron un punto de inflexión en la difusión del género, logrando despertar interés en nuevas audiencias y consolidar una escena cultural local.
La conversación también destaca el papel del periodismo como vehículo cultural. Calderón comparte su experiencia al frente del programa Apasionados por el Jazz, que permaneció al aire durante 19 años, convirtiéndose en un referente para la difusión del género. Más que un proyecto comercial, fue un espacio sostenido por la convicción y el compromiso con la cultura, demostrando que los medios pueden construir memoria sonora y funcionar como puente entre artistas y público.
Ambos coinciden en que el jazz, más allá de su dimensión musical, es una herramienta para la reflexión social. Escuchar jazz implica atención, sensibilidad y conexión con el entorno, valores que también fortalecen la identidad cultural y la vida comunitaria. En ese sentido, subrayan la responsabilidad del periodismo en la formación de audiencias críticas y sensibles a la cultura.
El diálogo también aborda los desafíos actuales. En un contexto dominado por géneros comerciales y por crisis culturales recurrentes, el jazz se mantiene vivo no como una tendencia pasajera, sino como un gusto adquirido que sobrevive gracias a la pasión de músicos, gestores y nuevas generaciones que continúan promoviendo espacios culturales en Guayaquil. Los invitados resaltan además la importancia del apoyo de las universidades para sostener proyectos culturales a largo plazo.
Frente a la percepción de que el jazz es elitista, ambos coinciden en que se trata de un arte abierto que busca atraer a públicos diversos, especialmente jóvenes, y que puede dialogar con melodías locales sin perder su esencia.
La conversación concluye con una reflexión compartida: tanto la música como el periodismo, cuando se ejercen con convicción, no solo entretienen, sino que ayudan a construir comunidad, contar historias colectivas y aportar a la búsqueda de soluciones sociales.
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