En el archivo audiovisual de El Costanero permanece una conversación que hoy adquiere un valor especial. Se trata de la entrevista realizada a Manuel Wolf Rodríguez, reconocido fashion master y productor de moda, quien dos meses después de ese diálogo falleció, dejando un vacío en el mundo creativo y cultural.
Repostear esta entrevista no es solo recuperar un programa anterior de Conversaciones frente al mar. Es también volver a escuchar a un hombre que entendía la moda no como superficialidad, sino como lenguaje social, memoria histórica y expresión de identidad.
Durante la conversación, Manuel Wolf compartió su extensa trayectoria en dirección artística y producción de moda, vinculada a grandes escenarios como Miss Ecuador y Miss Universo, espacios donde su mirada estética y su disciplina profesional marcaron generaciones.
Pero más allá del currículum, su reflexión más profunda giró en torno a la moda como expresión humana. Para Wolf, la ropa solo adquiere sentido cuando se mueve con el cuerpo, cuando forma parte de la vida real. No concebía el vestuario como objeto inmóvil, sino como relato vivo.
Habló también del vestir como construcción social. Recordó que las personas no solo se visten por gusto, sino por pertenencia, por aceptación, por contexto. En un mundo competitivo —decía— la elección del vestuario implica conciencia, cultura y lectura del entorno.
Esta conversación queda como testimonio de su voz, su conocimiento y su pasión. Porque hay entrevistas que informan.
Y hay otras que, con el tiempo, se convierten en memoria.
Su mirada histórica fue igualmente reveladora. Explicó cómo la moda evolucionó desde los siglos XVIII y XIX, cuando el cuerpo se cubría casi por completo, hasta la actualidad, donde el diseño dialoga con la libertad corporal. En esa evolución situó a Guayaquil como una ciudad clave: puerto abierto al mundo, puerta de entrada de tendencias y espejo de transformaciones sociales.
Al referirse a la mujer guayaquileña de antaño, recordó el peso cultural del pudor colonial y la influencia de la Iglesia en los códigos del vestir, elementos que marcaron no solo la moda, sino la estructura social de la época.
Incluso abordó los cambios contemporáneos, señalando cómo fenómenos globales como la pandemia influyeron en el diseño, incorporando elementos impensables años atrás, como las mascarillas, convertidas de necesidad sanitaria en pieza estética.
Quizá una de sus preocupaciones más reiteradas fue la identidad de la moda ecuatoriana. Reconocía la enorme riqueza cultural del país, pero advertía la dificultad de consolidar un proyecto nacional que permitiera trascender influencias externas y construir una narrativa propia del diseño.
En ese camino, compartió dos sueños personales: culminar su libro sobre la moda guayaquileña —que entonces llevaba un 80% de avance— y crear un museo de la moda en Guayaquil, un espacio que preservara la memoria estética del país.
Hoy, al recuperar esta entrevista, no solo recordamos a un profesional destacado, sino a un pensador de la cultura visual, alguien que entendía que la moda también es historia, sociedad y patrimonio.
Esta conversación queda como testimonio de su voz, su conocimiento y su pasión. Porque hay entrevistas que informan. Y hay otras que, con el tiempo, se convierten en memoria.
Te invitamos a ver la conversación completa y acompañarnos en este recuerdo.