
Asumo que mi fascinación por los perros produjo que el algoritmo del internet me presente un meme que alude a su bienestar. El texto ladra así: «Recordatorio: no te rindas, todavía falta comprar la casa con patio que tu perro merece» ¡Guau, guau! Como concluyo que, por haberle dado un “Me encanta” al contenido, llega a mis ojos un reel titulado “Imágenes anticonceptivas”: una secuencia de momentos capturados en vídeo por los atónitos padres que encuentran a sus infantes con las manos en la masa, el harina, el agua del inodoro, el maquillaje, las claras de huevo, y un larguísimo y aterrador etcétera.

Estos bebés bañados en salsa de chocolate se ven tan empapados de cruda realidad como lo está todo fino humor de las redes sociales que se respete; a la sazón, un hermoso patio para el perrito de la casa y la impotencia por la travesura infante nos ubican ante la punta del ovillo del hilo que teje el manto con el que se tapan millones de mujeres en el mundo para que el mandato patriarcal de la maternidad no las alcance.
En inglés se las conoce hoy en día como las NoMom (NoMamá). Su prevalencia se articula en razón de lo que —asimismo en inglés— se propone en la esfera pública como SHEconomy, es decir, la economía con perspectiva de género, cuyos paradigmas se erigen sobre factores que atraviesan el contexto mundial: el panorama distópico que se desprende de la guerra, el genocidio y las emisiones de carbono; la dificultad para encontrar una plaza laboral que faculte la manutención propia; la meta de realización personal que implica estudiar una carrera y ejercerla; la poca o nula posibilidad de hallar una pareja estable; y, tener tiempo libre para aproximarse a consumos socioculturales que se verían impedidos por el compromiso vital de cuidado que la descendencia demanda.
En los argumentos precedentes coinciden mujeres de perfiles diversos; entre muchísimas más, la profesora de Sociología de la PUC de Chile, Viviana Salinas U. y la psicóloga ecuatoriana, Pauleth Romero. Sus puntos de vista resuenan con el informe de la multinacional financiera Morgan Stanley, cuyas proyecciones actuales afirman que para el año 2030, en EE. UU., el 45 % de las mujeres entre 25 y 44 años serán solteras y sin hijos (child-free). Mientras que, en el Ecuador, el INEC informa sobre un descenso histórico en la tasa de natalidad, el mayor en 34 años: 215 714 nacimientos en 2024, lo que representa una caída de 23 963 nacidos vivos respecto al 2023.
En esta su sección especial de El Costanero, “Aquí y ahora, nosotras”, buscamos escuchar siempre las voces de mujeres ecuatorianas. En esta ocasión, Karla Velásquez (arquitecta de 29 años que cursa una maestría) y Renta Mantilla (politóloga e investigadora del ámbito socioambiental) nos ofrecen su testimonio acerca de las razones por las que han decidido no ser madres.
Karla vislumbra su futuro: «Mi decisión de no tener hijos se fundamenta en una visión un poco pesimista que tengo del mundo y del futuro. […] Con la economía nacional y global, para la gente joven ya es muy difícil ser una adulta económicamente independiente y solvente, mucho más ser madre de familia. Al mismo tiempo, pienso de forma recurrente en las condiciones globales en las que un niño tendrá que crecer a partir de ahora: crisis climática, ambiente geopolítico hostil, un planeta consumista y absorbido por el mundo digital. En lo personal, siento que necesito aún más tiempo para alcanzar mis objetivos, porque mucho de él pasé estudiando, preparándome y haciéndome un estilo de vida poco compatible con una dinámica familiar, y siento que la maternidad llegaría para hacerme cambiar radicalmente mis prioridades».

Y, Renata enfatiza que: «Mi decisión de no ser madre es, ante todo, una decisión política y consciente. […] Crecí entendiendo que mi madre no contaba con las condiciones psicológicas ni económicas para maternar en solitario y, que fue la familia materna quien sostuvo gran parte del cuidado. […] Esta experiencia me llevó a cuestionar profundamente la idea de la maternidad como ‘bendición’. Más que un destino idealizado, la maternidad suele estar atravesada por sacrificios que, en mi caso, no estoy dispuesta a asumir ni a reproducir.

[…] Recientemente, mi diagnóstico de adenomiosis y endometriosis, con afectaciones en distintos órganos, ha introducido una dimensión adicional a esta decisión. […] Vivir con dolor crónico, agotamiento físico y tratamientos médicos constantes redefine mis límites y mis posibilidades.
[…] Además, considero problemático que, en el ámbito médico, la decisión de no maternar sea cuestionada o incluso instrumentalizada. La posibilidad de condicionar tratamientos a la renuncia de la maternidad, o de pensar que el útero sólo tiene valor en función de la reproducción, constituye una forma de violencia simbólica sobre los cuerpos de las mujeres».
La instrumentalización de la maternidad de la que habla Renata es una de las causas por las que Anika, (informática alemana de 34 años) se niega a convertirse en madre. En el canal de YouTube, DW documental, (¡Niños, no, gracias! Por qué las mujeres no quieren tener hijos, 2025) esta no madre relata que, en Leipizig, llamó a veinte diferentes centros médicos; literalmente, reían de su solicitud de ligadura. Dichas posturas restrictivas, en pleno siglo XXI, están aún enquistadas en el llamado «primer mundo»; y, también, en esta Mitad del Mundo, si consideramos la alta dificultad que se le presenta a una mujer que acude a la salud pública para acceder a la píldora del día después o a un aborto.

La insistencia sistémica en el alza de la tasa de natalidad no es gratuita, por el contrario, según lo explica la economista Julia M. Puaschunder en su libro Capitalism Crowding out Fertility, los pilares del capitalismo (libertad empresarial, fiscalidad, PIB) generan una contradicción inherente: el sistema necesita nacimientos, pero sus condiciones laborales y económicas obstaculizan la crianza. A ello se suma el juicio de la iglesia, que tilda de «egoístas» a las mujeres que deciden no reproducirse.
Con todo esto en juego, la invitación es a desaprender la presión social hacia las mujeres en edad de procrear desde nuestros espacios familiares, sociales y laborales. A educarnos, más bien, en la noción de que, en efecto, todavía falta construir el patio soñado para los perrijos y gatijos; porque la diferencia entre un árbol de Navidad destruido y el financiamiento de 18 años de crianza es abismal ¡Miaaauuu!
Consume información adicional en:
1. ¡Niños, no, gracias! Por qué las mujeres no quieren tener hijos, 2025.
https://www.youtube.com/watch?v=N9upKio05oQ&t=1248s
2. Cifras INEC sobre natalidad, 2024
https://www.ecuadorencifras.gob.ec/institucional/menos-nacimientos-y-cambios-en-los-patrones-maternos-marcan-la-dinamica-demografica-en-ecuador/
- El problema de una población demasiado baja (UNFPA, 2026). https://www.unfpa.org/es/swp2023/too-few