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Julio Jaramillo: El Ruiseñor de América

Cada año, y desde muy joven, trato de asistir al homenaje que se le rinde en el Cementerio de Guayaquil en el aniversario de la muerte de don Julio Jaramillo, fallecido hace 48 años, el 9 de febrero de 1978.
Hoy logré estar presente con queridos amigos y compadres en tan emocionante acto, donde cientos de fanáticos se reúnen a cantar sus canciones.

Julio Jaramillo Laurido (octubre 1 de 1935 – febrero 9 de 1978), conocido como “El Ruiseñor de América” y “El Zorzal Criollo”, fue el más famoso cantante del Ecuador y es, hasta hoy, el ídolo del pueblo.

Nacido en Guayaquil, hijo de Pantaleón Jaramillo y doña Apolonia Laurido, Julio se inició muy joven en la música cantando en “La Lagartera”, lugar ubicado en las calles Santa Elena y Aguirre, donde se contrataba para dar serenatas a los famosos “lagarteros”, que eran novatos guitarristas y cantantes.

Pronto se hizo famoso en Guayaquil y en todo el Ecuador por su especial y espectacular timbre de voz, que lo llevó posteriormente a obtener innumerables contratos internacionales en todos los países de América del Sur, Centroamérica y México, donde se quedaba meses actuando en el famoso Teatro Blanquita.

Julio Jaramillo se hizo tan querido en América que todos los países se disputan hasta hoy su nacionalidad, especialmente México, Costa Rica, Venezuela, Perú y Colombia, siendo él un ilustre guayaquileño.

J.J. llevó una vida de bohemia. Se casó varias veces en Ecuador, El Salvador, Venezuela y Perú; tuvo 27 hijos legalmente reconocidos y grabó más de 4.500 canciones, principalmente pasillos, valses, boleros y hasta tangos.
Entre las más conocidas están: “Nuestro Juramento”, “Fatalidad”, “Reminiscencias”, “Te odio y te quiero”, “No me toquen ese vals”, “Cuando llora mi guitarra”, “Elsa”, “Rondando tu esquina”, entre muchas otras.
Varias de ellas fueron cantadas a dúo con sus queridos amigos y notables cantantes, también “Reyes de la Rockola”, como Daniel Santos, Alci Acosta y Olimpo Cárdenas.

En febrero de 1978 me encontraba en el balneario de Salinas y, al escuchar la lamentable noticia de su fallecimiento por Radio Cristal, de propiedad de su amigo Armando Romero Rodas, me trasladé inmediatamente a Guayaquil para asistir a su entierro, que fue el más masivo y numeroso que ha existido en la historia de la ciudad, con más de 200.000 personas.

Tanto así que el poeta Fernando Artieda narró con lágrimas este acontecimiento y dijo al final:

“Ríos de gente salían de los manglares, bajaban de los cerros rodando por el lodo, ensuciándose la ropa, perdiendo hasta los zapatos, perdiéndolo todo menos la firmeza de estar junto al ídolo en su última conquista…
La masa desconcertada, ebria de malas noches y alcohol,
va buscando la calle estrangulada, que sienten media enferma, como sonámbula, como si no fuera ésta Guayaquil,
la ciudad viuda y guáchara
que había perdido al mismo tiempo
su hijo y su machuchín…”

¡Julio Jaramillo será siempre el ídolo del pueblo!

Sergio Cedeño Amador
Sergio Cedeño Amador
Miembro de la Academia de Historia del Ecuador
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