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title: "52 años navegando por el caudaloso río Babahoyo"
description: "Durante más de 50 años, Sergio Cedeño Amador ha mantenido un vínculo con el río Babahoyo. En este relato testimonial comparte sus recuerdos de la Hacienda Angélica, la navegación fluvial y la identidad montuvia que marcaron una etapa fundamental de su vida."
url: https://elcostanero.com/miercoles-con-historia/52-anos-navegando-rio-babahoyo-sergio-cedeno/
date: 2026-07-29
modified: 2026-08-28
author: "Sergio Cedeño Amador"
image: https://elcostanero.com/wp-content/uploads/2026/07/terencio1.jpg
categories: ["Miércoles con Historia"]
tags: ["agricultura ecuatoriana", "Babahoyo", "Sergio Cedeño Amador", "tradición montuvia", "turismo fluvial"]
type: post
lang: es
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# 52 años navegando por el caudaloso río Babahoyo

Este majestuoso río se forma por la confluencia de los ríos San Pablo y Catarama, justo en la ciudad de Babahoyo, provincia de Los Ríos, Ecuador. Luego de recorrer 40 km, con un ancho que va de 200 hasta 1.800 metros, llega a Guayaquil para unirse con el río Daule y formar el imponente río Guayas, ícono de nuestro país y que consta en el Escudo de Armas de la bandera del Ecuador.

> «En el río Babahoyo no solo aprendí a navegar; allí también me gradué de montuvio.» Sergio Cedeño A.

Durante su trayecto, el Babahoyo, llamado también el Río Grande, pasa por innumerables haciendas y pueblos montuvios, a los que les ofrece, de sus correntosas aguas, una enorme riqueza ictiológica, con gran cantidad de peces como guaijas, dicas, damas, guanchiches, bagres y corvinas, entre otros. Pero su función más importante es la de abastecer de agua a la mayor parte de la zona arrocera del Ecuador.

Apenas me gradué de agrónomo en El Zamorano, Honduras, fui contratado, en enero de 1974, como asistente de administración y luego como administrador de la famosa Hacienda Angélica, propiedad de la querida familia González-Rubio y ubicada a las orillas del río Babahoyo. A esta hacienda solo se llegaba desde Guayaquil en lanchas de pasajeros o en canoas, por falta de carreteras. Allí se mantenían 3.500 cabezas de ganado de las razas Shorthorn y Brahman, y se sembraban, con avioneta, 1.000 hectáreas de arroz, siendo en su época la hacienda arrocera más tecnificada del país, ya que hasta el fertilizante se aplicaba con avioneta.

![El "parqueadero" de canoas en Babahoyo. Estas embarcaciones continúan siendo parte del paisaje cotidiano y de la memoria viva de una ciudad que creció al ritmo de su río. Foto: Sergio Cedeño Amador.](https://elcostanero.com/wp-content/uploads/2026/07/terencio-2.jpg)*El «parqueadero» de canoas en Babahoyo. Estas embarcaciones continúan siendo parte del paisaje cotidiano y de la memoria viva de una ciudad que creció al ritmo de su río. Foto: Sergio Cedeño Amador.*

Es así como, en los cuatro años que viví allí, donde me gradué de montuvio, al trasladarme los fines de semana a Guayaquil por el río Babahoyo aprendí a quererlo, así como a la Hacienda Angélica, donde he regresado cada año durante los últimos 52 años para ver sus bellísimos cultivos de arroz y visitar a los pocos trabajadores que quedan vivos luego de más de medio siglo…

Ayer, una vez más, fui a navegar en canoa por el río con el mismo canoero de hace 50 años para nuevamente visitar la Hacienda Angélica y recordar los viajes en la inolvidable lancha Norte América por el colosal río Babahoyo, a quien el insigne escritor guayaquileño José Antonio Campos Maingon le dedicó esta estampa costumbrista montuvia:

«El río Babahoyo es una arteria de plata que cruza la llanura, un camino vivo que no se detiene y que lleva en sus aguas el alma misma de la provincia… Sus aguas corren mansas, pero llevan la fuerza indomable de la selva; son el espejo donde se mira el cielo de la patria y se refleja el verde eterno de sus orillas.

![El río Babahoyo se despide de su nombre al llegar a Guayaquil. Con cerca de 1.800 metros de orilla a orilla, sus aguas se unen al río Daule para dar vida al imponente río Guayas. Foto: Sergio Cedeño Amador.](https://elcostanero.com/wp-content/uploads/2026/07/terencio-3-e1785547695968.jpg)*El río Babahoyo se despide de su nombre al llegar a Guayaquil. Con cerca de 1.800 metros de orilla a orilla, sus aguas se unen al río Daule para dar vida al imponente río Guayas. Foto: Sergio Cedeño Amador.*

Viajar por el río es fundirse con el paisaje. Ver pasar los playones de arena, las plantaciones que mueren en la orilla y los racimos de lechuguines flotantes que bajan como pequeñas islas verdes, saludando al caminante. El río tiene su propia música: el chof-chof del vapor rompiendo la corriente, el grito del lanchero y el murmullo del agua que parece contar viejas historias de la costa.

El montuvio nace mirando al río y muere arrullado por su corriente. Para él, el río es el amigo, el proveedor, el camino que lo conecta con el mundo y el testigo mudo de sus alegrías y sus penas.»

Yo volveré…
